Biografía del anarquista argelino Saïl Mohamed [en]
Date Sat, 19 Nov 2005 19:24:25 +0100 (CET)
Saïl Mohamed Ameriane ben Amerzaine se hizo miembro de la Union
Anarchiste (UA) tras la Primera Guerra Mundial. En 1923 fundó el Comité
para la Defensa de los Indígenas Argelinos. A fines de los años 20 creó la
Sección de Indígenas Argelinos de la CGT-SR. Tras la sublevación
franquista en España, Saïl se unió a la centuria Sebastián Faure, la
sección francófona de la Columna Durruti. Al empezar la Segunda Guerra
Mundial fue arrestado de nuevo e internado en un campo de concentración en
Riom. Desde 1944 trabajó con otros compañeros por la reconstrucción del
movimiento anarquista.
SAïL MOHAMED, 1894-1953: VIDA Y LUCHA DE UN ANARQUISTA ARGELINO
Saïl Mohamed Ameriane ben Amerzaine nació el 14 de octubre de 1894 en
Tarbeit-Beni-Ouglis, en la Cabilia argelina. Como muchos argelinos, apenas
fue a la escuela. Conductor-mecánico de oficio, durante toda su vida luchó
por forjarse una cultura. Procedente del Islam bereber, se convirtió en un
ateo convencido. Durante la Primera Guerra Mundial fue recluido por
insubordinación y deserción del Ejército francés. Ya estaba desarrollando
simpatías por el anarquismo.
Al finalizar la guerra, con la reconstrucción del movimiento anarquista,
se hizo miembro de la organización Union Anarchiste (UA). En 1923, junto a
su amigo Sliman Kiouane, un cantante, fundó el Comité para la Defensa de
los Indígenas Argelinos. En sus primeros artículos denunció la pobreza de
los colonizados y la explotación colonial. Se convirtió en un experto en
la situación del Norte de África. Organizó, junto a grupos anarquistas de
París, mítines, tanto en francés como en árabe, sobre la explotación de
los norteafricanos. Saïl organizó un grupo anarquista en Aulnay-sous-bois
y se convirtió en uno de sus militantes más efectivos.
En 1929 se convirtió en el secretario de un nuevo Comité, el de Defensa de
los Argelinos frente a la provocación del Centenario (el Estado francés
estaba preparando las celebraciones del centenario de la conquista de
Argelia el 5 de julio de 1830). Todas las tendencias del movimiento
anarquista: la UA, la organización anarcosindicalista Confederation
Generale du Travail syndicaliste-revolutionnaire (CGT-SR) y la Association
de Federalistes anarchistes (AFA) denunciaron ?el colonialismo asesino, la
sangrienta mascarada?. Sostuvieron el lema ?¿Civilización? ¿Progreso? Más
bien, ¡Asesinato!?
A continuación, Saïl se afilió a la CGT-SR, en la cual creó la Sección de
Indígenas Argelinos. El año siguiente, con motivo de la Exposición
Colonial de París, el movimiento anarquista reemprendió su campaña contra
el colonialismo. Saïl estuvo a la cabeza de la lucha.
En enero de 1932 se convirtió en director de "L'Eveil Social, le journal
du peuple" (?El despertar social, el periódico del pueblo?). A raíz de un
artículo antimilitarista fue juzgado por ?promover la desobediencia entre
los militares?. El Socorro Rojo Internacional, una organización satélite
del Partido Comunista, le dio su apoyo, que él rechazó en nombre de las
víctimas del estalinismo.
En 1934, el ?caso Saïl Mohamed? saltó a la palestra. La manifestación de
las asociaciones fascistas y antisemitas del 6 de febrero de 1934 desató
una reacción en cadena del movimiento obrero. Saïl se hizo con armas y las
escondió. El 3 de marzo fue detenido por ?posesión ilícita de armas?. El
movimiento obrero le dio su apoyo, a excepción del Partido Comunista, que
le denunció como agente provocador. Fue condenado a un mes de cárcel y
luego a otro más por ?tener armas de guerra?, acabó estando cuatro meses
entre rejas.
"L'Eveil Sociale" se fundió con "Terre Libre" ("Tierra Libre", el
periódico mensual de la Alianza Libre de los anarquistas del Midi, con
Paul Rousenq al frente). Saïl fue el responsable de la edición
norteafricana de "Terre Libre". Intentó impulsar un Grupo Anarquista de
Indígenas Argelinos, con varios llamamientos en la prensa libertaria. Al
mismo tiempo continuó estando activo en la Unión Anarquista.
Tras la sublevación franquista en España, Saïl se unió a la centuria
Sebastián Faure, la sección francófona de la Columna Durruti, en
septiembre de 1936 y fue elegido comandante de ella. Herido en una mano en
noviembre de 1936, regresó a Francia, tras haber enviado numerosas cartas
describiendo la situación del movimiento anarquista español.
Después que su mano se hubo curado, participó en numerosas actividades
organizadas por la Unión Anarquista en España. Inmediatamente tras esta
gira, participó en un mitin organizado por revolucionarios en París para
protestar por la prohibición del periódico "Etoile Nord Africaine"
(?Estrella Norteafricana?), editado por Messali Hadj, y contra la
represión de las manifestaciones en Túnez, que habían dejado 16 muertos.
De nuevo fue detenido por ?injurias al ejército? y condenado a 18 meses de
prisión en diciembre de 1938.
Al empezar la Segunda Guerra Mundial fue arrestado de nuevo e internado en
un campo de concentración en Riom. Su amplia biblioteca fue destruida tras
una incursión. Escapó de allí, se hizo con documentación falsa y estuvo en
la clandestinidad durante la Ocupación.
Desde 1944 trabajó con otros compañeros por la reconstrucción del
movimiento anarquista.. Con la Liberación [veteranos milicianos
anarquistas de la Revolución Española fueron las primeras tropas que
entraron en París] organizó de nuevo el grupo de Aulnay-sous-bois e
intentó refundar el Comité de Anarquistas Argelinos. En "Le Libertaire",
semanario de la Federación Anarquista [la organización heredera de la
Unión Anarquista] escribía una columna sobre la situación en Argelia.
Compuso una serie de artículos sobre ?El calvario de los indígenas
argelinos?.
Murió en abril de 1953. George Fontenis se encargó del responso en su
honor en nombre del movimiento anarquijavascript:void(0)sta durante su funeral, el 30 de
abril de 1953.
En inglés: http://www.ainfos.ca/en/ainfos17358.html
Traducido al castellano por Manu García para A-infos
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lunes, 10 de diciembre de 2007
sábado, 8 de diciembre de 2007
Félix Padín
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Joaquín Lucarini
Una exposición recuerda el centenario del escultor Joaquín Lucarini
El 15 de junio de 1905 nacía en Fontecha (Álava) Joaquín Lucarini, un escultor que no goza del reconocimiento de la crítica de arte, pero cuyas obras están en la memoria de los ciudadanos de Vitoria, Bilbao, San Sebastián o Pamplona. El Museo de Bellas Artes de Álava inauguró ayer para conmemorarlo una exposición que recuerda algunos detalles más íntimos y menos conocidos de la creación de este hijo y padre de escultores, originarios de Carrara (Italia).
Lucarini, fallecido en Burgos en 1969, fue testigo crítico de su siglo, como muestra en algunos, escasísimos, apuntes sobre los conflictos violentos que recorrieron el XX. Pero, sobre todo, fue un artista que bebió de la tradición clásica y los apuntes de la vanguardia, siempre con una depurada técnica en el dibujo y la escultura. Y puso sus capacidades, marcadas por el clasicismo, al servicio del cliente en un momento en que la obra monumental en su zona de trabajo contaba con una abundante competencia.
Los Lucarini llegaron a Bilbao desde Carrara a finales del XIX. Expertos trabajadores de la piedra, entre ellos también destacaban los buenos escultores, como Ángel, el padre del ahora recordado, quien participó en las obras de la catedral nueva de Vitoria. Esta vinculación con la capital alavesa será clave en la formación del joven Lucarini. Aunque estudia en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao, la ampliación de su formación en Bélgica e Italia la consiguió gracias a las becas de la Diputación de Álava.
Su voluntad escultórica se muestra desde muy joven: con apenas 23 años ya se presentó en una exposición individual en el Ateneo de Bilbao. La fama se hizo presente y, en breve, comenzaron a llegar los encargos. De 1932 es una de las joyas de la exposición, El lanzador, realizado por encargo del Club Deportivo de la capital vizcaina, en el que se observa esa pasión clásica imbuida de las nuevas corrientes expresionistas.
Ésta es una de las obras que prefieren sus hijos, Leonardo y Miguel Ángel, presentes ayer en la inauguración de la muestra. Leonardo Lucarini, que también practica la escultura en su retiro de Mahón (Menorca) reconoció el saber técnico de su padre, capaz de trabajar los relieves "con una expresividad increíble". Por ejemplo, en el que acaba de adquirir a la familia el Museo de Bellas Artes de Álava, titulado Maternidad, que transmite una "serenidad insuperable, a pesar de no tener más de dos centímetros de altura", comentó ayer.
Esta expresividad en el relieve la conocen bien los que han visitado el sanatorio de Leza (Álava), una de las obras emblemáticas de la arquitectura contemporánea vasca, obra de Pablo Zabalo, de 1930. Aquí, el escultor realizó unos relieves con Elcano, Cervantes, Samaniego y Trueba como protagonistas que demuestran cómo La maternidad no es ninguna desviación vanguardista para disfrute privado.
Expresividad La exposición, abierta hasta el próximo 18 de septiembre, muestra todas las deudas expresivas de Lucarini, entre las que no faltan el art-decó o el futurismo, quizás por sus comunes orígenes italianos. En este ámbito más vanguardista, hay que destacar La victoria de la música, una gran escultura, hoy desaparecida, de la que sólo se conserva la fotografía de Lucarini, a sus pies, que permite apreciar la capacidad expresiva del escultor.
También atendió a su ascendencia materna vasca, procedente de su madre Casilda Macazaga. Lucarini es un escultor que nació y trabó en Euskadi, como muestran buena parte de sus esculturas de la República. También es reconocida su filiación anarquista que, seguro, llegó con su familia desde Carrara, cuyas canteras son un reconocido enclave libertario desde el XIX. Mas la entrada de los sublevados en Bilbao acabó tanto con sus intenciones vanguardistas en la política como en el arte.
Desde aquí, su obra se debió al dudoso gusto de los vencedores, pero su capacidad expresiva no decayó, como demuestran sus obras más populares -el monumento a la Sardinera de Santurtzi-, más épicas -la estatua a Sancho el Sabio de San Sebastián- o quizá la más conocida, por su ubicación: el tigre que corona un edificio industrial en Deusto (Bilbao) reconvertido en viviendas, realizado en 1943, y que permite alguna doble lectura acerca de las intenciones de Lucarini.
Extraído de El Pais 16 junio 2005
Aportación de Miguel (Ermua)
El 15 de junio de 1905 nacía en Fontecha (Álava) Joaquín Lucarini, un escultor que no goza del reconocimiento de la crítica de arte, pero cuyas obras están en la memoria de los ciudadanos de Vitoria, Bilbao, San Sebastián o Pamplona. El Museo de Bellas Artes de Álava inauguró ayer para conmemorarlo una exposición que recuerda algunos detalles más íntimos y menos conocidos de la creación de este hijo y padre de escultores, originarios de Carrara (Italia).
Lucarini, fallecido en Burgos en 1969, fue testigo crítico de su siglo, como muestra en algunos, escasísimos, apuntes sobre los conflictos violentos que recorrieron el XX. Pero, sobre todo, fue un artista que bebió de la tradición clásica y los apuntes de la vanguardia, siempre con una depurada técnica en el dibujo y la escultura. Y puso sus capacidades, marcadas por el clasicismo, al servicio del cliente en un momento en que la obra monumental en su zona de trabajo contaba con una abundante competencia.
Los Lucarini llegaron a Bilbao desde Carrara a finales del XIX. Expertos trabajadores de la piedra, entre ellos también destacaban los buenos escultores, como Ángel, el padre del ahora recordado, quien participó en las obras de la catedral nueva de Vitoria. Esta vinculación con la capital alavesa será clave en la formación del joven Lucarini. Aunque estudia en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao, la ampliación de su formación en Bélgica e Italia la consiguió gracias a las becas de la Diputación de Álava.
Su voluntad escultórica se muestra desde muy joven: con apenas 23 años ya se presentó en una exposición individual en el Ateneo de Bilbao. La fama se hizo presente y, en breve, comenzaron a llegar los encargos. De 1932 es una de las joyas de la exposición, El lanzador, realizado por encargo del Club Deportivo de la capital vizcaina, en el que se observa esa pasión clásica imbuida de las nuevas corrientes expresionistas.
Ésta es una de las obras que prefieren sus hijos, Leonardo y Miguel Ángel, presentes ayer en la inauguración de la muestra. Leonardo Lucarini, que también practica la escultura en su retiro de Mahón (Menorca) reconoció el saber técnico de su padre, capaz de trabajar los relieves "con una expresividad increíble". Por ejemplo, en el que acaba de adquirir a la familia el Museo de Bellas Artes de Álava, titulado Maternidad, que transmite una "serenidad insuperable, a pesar de no tener más de dos centímetros de altura", comentó ayer.
Esta expresividad en el relieve la conocen bien los que han visitado el sanatorio de Leza (Álava), una de las obras emblemáticas de la arquitectura contemporánea vasca, obra de Pablo Zabalo, de 1930. Aquí, el escultor realizó unos relieves con Elcano, Cervantes, Samaniego y Trueba como protagonistas que demuestran cómo La maternidad no es ninguna desviación vanguardista para disfrute privado.
Expresividad La exposición, abierta hasta el próximo 18 de septiembre, muestra todas las deudas expresivas de Lucarini, entre las que no faltan el art-decó o el futurismo, quizás por sus comunes orígenes italianos. En este ámbito más vanguardista, hay que destacar La victoria de la música, una gran escultura, hoy desaparecida, de la que sólo se conserva la fotografía de Lucarini, a sus pies, que permite apreciar la capacidad expresiva del escultor.
También atendió a su ascendencia materna vasca, procedente de su madre Casilda Macazaga. Lucarini es un escultor que nació y trabó en Euskadi, como muestran buena parte de sus esculturas de la República. También es reconocida su filiación anarquista que, seguro, llegó con su familia desde Carrara, cuyas canteras son un reconocido enclave libertario desde el XIX. Mas la entrada de los sublevados en Bilbao acabó tanto con sus intenciones vanguardistas en la política como en el arte.
Desde aquí, su obra se debió al dudoso gusto de los vencedores, pero su capacidad expresiva no decayó, como demuestran sus obras más populares -el monumento a la Sardinera de Santurtzi-, más épicas -la estatua a Sancho el Sabio de San Sebastián- o quizá la más conocida, por su ubicación: el tigre que corona un edificio industrial en Deusto (Bilbao) reconvertido en viviendas, realizado en 1943, y que permite alguna doble lectura acerca de las intenciones de Lucarini.
Extraído de El Pais 16 junio 2005
Aportación de Miguel (Ermua)
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